Dicen que algunos amores no necesitan palabras, solo miradas que lo dicen todo. Y Zeus, ese gatito de ojos grandes y alma inmensa, fue uno de esos amores silenciosos, pero eternos. No llegó a mi vida como una mascota… llegó como un pequeƱo guardiĆ”n disfrazado de felino. Un hijo gatuno que no pedĆa nada, pero lo daba todo.
Zeus no maullaba como los demĆ”s, no pedĆa atención… la detectaba. TenĆa una brĆŗjula emocional instalada en su corazón: si habĆa cansancio, se acostaba cerca; si habĆa dolor, posaba su cuerpecito justo donde dolĆa, como si sus huesitos supieran sanar. Y sanaba. No con magia felina, sino con el amor mĆ”s puro que existe: el que no se explica, solo se siente.
Hoy la casa se ve igual, pero su ausencia hace ruido. Falta ese paso sigiloso que parecĆa un susurro, falta su mirada de esfinge, ese misterio egipcio que solo los gatos entienden. Falta su forma de decir “aquĆ estoy”, sin hablar. Zeus partió sin previo aviso, como suelen irse las almas nobles: sin drama, solo con el deber cumplido.
Y sĆ, duele. Duele no verlo despertar, no escucharlo estirarse, no sentir ese peso tibio sobre el pecho que alguna vez fue alivio. Pero en el fondo sĆ© —porque Ć©l lo enseñó— que el amor no se acaba cuando el cuerpo se va… solo cambia de lugar.
Ahora Zeus se convirtió en recuerdo presente, en caricia invisible, en ronroneo que el corazón escucha aunque el oĆdo no lo capture. Lo sigo amando, pero sin quedarme en la herida… porque Ć©l odiarĆa vernos tristes. Era un gato protector, un guerrero en miniatura, un pequeƱo faraón que gobernaba nuestro Ć”nimo.
Por eso hoy lo honro asĆ: con gratitud, con ternura, con esa sonrisa que se mezcla con lĆ”grimas, pero termina ganando. Porque el verdadero duelo no es olvidar… es aprender a recordar sin que duela tanto.
Zeus, mi engreĆdo, mi compaƱero de silencios, mi reloj emocional… gracias. Por cada abrazo felino, por cada “yo te cuido”, por enseƱarme que el amor trasciende especies, tiempos y despedidas.
No te fuiste. Solo cambiaste de forma.
Y desde hoy, cuando algo me duela, no pondrƩ tu cuerpito sobre mƅ pondrƩ tu memoria.
Y como siempre… sanarĆ”s.
š¾ Hasta siempre, mi gatito egipcio.
AquĆ seguirĆ”s… no como ausencia, sino como amor que nunca se va.
No hay comentarios:
Publicar un comentario