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Infocracia y el teatro del poder en Ecuador



En el Ecuador de 2025 no gobierna solo un presidente, ni legisla únicamente una Asamblea. Gobierna la infoxicación; legisla la viralidad. Lo que antes se decidía en la plaza pública ahora se negocia en hashtags, y lo que antes se debatía con argumentos ahora se zanja con memes y filtraciones. Vivimos en una infocracia, ese término punzante que Byung-Chul Han nos regaló para describir cómo el exceso de información no libera, sino que confunde, fragmenta y debilita la voluntad colectiva.


Mientras en el Palacio Legislativo los micrófonos estÔn encendidos, en redes sociales ya se firmó la sentencia del día. No importa si la Asamblea sesiona o se traba en disputas: lo relevante es el video viral del griterío, la captura de pantalla del insulto, el juicio sumario que dictan las redes antes de que la justicia siquiera actúe.


La polĆ­tica nacional se ha convertido en un reality, con picos de rating que dependen mĆ”s del escĆ”ndalo que del contenido de las leyes. ¿QuiĆ©n se beneficia de este espectĆ”culo? Sin duda, no el pueblo. Mientras discutimos si hubo rebelión o no en la sesión inaugural de la Asamblea, si la bancada ADN actuó con legalidad o prepotencia, la inseguridad sigue desbordada, los precios suben, y los jóvenes siguen migrando. Pero el algoritmo estĆ” feliz: se alimenta de nuestra indignación.


Byung-Chul Han lo advirtió con crudeza: el exceso de información no conduce al conocimiento, sino al cansancio. En Ecuador, este cansancio se traduce en apatía. La ciudadanía ya no cree en nada porque lo ha visto todo: demasiadas noticias, demasiadas contradicciones, demasiadas verdades alternativas. La desinformación no necesita mentir; basta con multiplicar el caos. En este escenario, la democracia se convierte en una fachada pixelada.


La reciente elección de Niels Olsen como presidente de la Asamblea Nacional no fue solo un movimiento institucional, sino una jugada estratĆ©gica para consolidar el poder de Daniel Noboa. Olsen, joven empresario, exministro de Turismo y miembro de ADN, no es solo un aliado polĆ­tico: es una ficha clave en este ajedrez de gobernabilidad bajo reflectores. Su elección desplazó a la Revolución Ciudadana del control legislativo, reconfigurando el equilibrio de fuerzas. Pero mĆ”s allĆ” de los aplausos, queda la duda: ¿cuĆ”nto de este cambio responde a la voluntad popular y cuĆ”nto al guion de una narrativa que se impone por sobre la deliberación?


La infocracia ecuatoriana no solo transforma el poder en espectÔculo; transforma a los ciudadanos en audiencia pasiva. El gobierno comunica mÔs que transforma. La Asamblea transmite mÔs que legisla. La política se desliza hacia el like, y se aleja del bien común.


Frente a este escenario, urge recuperar el sentido. La democracia no puede ser solo un flujo constante de datos, ni una pelea de egos digitales. Necesitamos espacios donde el pensamiento crĆ­tico le gane al ruido, donde la verdad no sea una mercancĆ­a mĆ”s. El reto es volver a escuchar, a deliberar, a proponer… sin gritar.


Como dirĆ­a Han, hay que resistir el imperio de lo inmediato. Tal vez sea tiempo de apagar un poco las pantallas, y encender de nuevo la palabra. Porque mientras nos distraen con tweets, nos roban el futuro.


¿Vivimos en una democracia o en una infocracia?

En mi nueva columna analizo cómo el exceso de información, el ruido digital y el espectĆ”culo polĆ­tico estĆ”n debilitando la democracia en Ecuador. ¿QuĆ© implica la elección de Niels Olsen como presidente de la Asamblea? ¿QuĆ© rol juegan las redes en la forma en que se ejerce el poder?

šŸ“² LĆ©ela completa y cuĆ©ntame:
šŸ‘‰ ¿Estamos siendo ciudadanos crĆ­ticos o solo espectadores del caos?

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Por Paola Cortez, PhD – Periodista, educadora y defensora del pensamiento crĆ­tico en la era del clic.

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