Contenidos que forman, preguntas que transforman

Voces que encienden el futuro

 



Este sĆ”bado, mientras el sol salinero tejĆ­a su rutina sobre las playas y malecones, algo distinto ocurrió en el corazón de nuestra comunidad: se clausuró el curso vacacional “Bomberos Junior”. Treinta y seis voces jóvenes, de entre 10 y 14 aƱos, entonaron con fuerza el Himno Nacional y el de los bomberos. Y no fue una ceremonia mĆ”s. Fue un grito Ć­ntimo, civil, necesario. Un eco que retumbó en quienes aĆŗn creemos que el cambio social no empieza en los discursos sino en la educación, en la vivencia, en el ejemplo.

El BenemĆ©rito Cuerpo de Bomberos de Salinas, bajo el liderazgo del Primer jefe Christian RamĆ­rez Becerra y con el acompaƱamiento del alcalde del cantón, Dennis Córdova, nos recordó —sin decirlo— que formar a ciudadanos es tan urgente como apagar incendios. Porque, al fin y al cabo, ¿QuĆ© es una comunidad sino un conjunto de personas que aprenden a cuidarse unas a otras?


Durante cinco semanas, estos jóvenes no solo aprendieron a usar un extintor o a dar primeros auxilios. Aprendieron algo mÔs profundo: el valor del servicio, el sentido de pertenencia, la fuerza del trabajo en equipo. Lo hicieron visitando las estaciones de Santa Rosa, José Luis Tamayo y la Central de Salinas; lo hicieron uniformados, con disciplina, con banderines que los agrupaban en escuadrones: Alfa, Bravo, Charlie, Echo, Delta Jr. Pero sobre todo lo hicieron con un fuego interior que nada tiene que ver con llamas materiales.




Si uno escucha atento, como quien pone la oreja al corazón de una ciudad, puede captar lo esencial. Esos cantos juveniles no fueron un acto protocolar mÔs. Fueron una sacudida emocional. Una señal de que hay esperanza cuando las instituciones no solo reaccionan a las crisis, sino que previenen, que forman, que se convierten en semilleros de humanidad.


Como dirĆ­a Javier DarĆ­o Restrepo, el periodismo —y por extensión toda la mirada crĆ­tica de la sociedad— debe dejar de contar solo lo que duele. Tiene tambiĆ©n la obligación Ć©tica de mostrar lo que cura. Y esto, sin duda, cura. En un paĆ­s donde la desesperanza muchas veces gana terreno, ver a niƱas y niƱos marchar con orgullo, mirar al frente, izar sus banderas de escuadrón y entonar himnos con lĆ”grimas contenidas, es una medicina colectiva.


A la manera de Caparrós, habrĆ­a que preguntarse: ¿QuĆ© lleva a un niƱo o niƱa a querer ser bombero en vacaciones, cuando la mayorĆ­a prefiere pantallas, playa o descanso? ¿QuĆ© fuerza extraƱa —y maravillosa— los impulsa a madrugar para aprender a salvar vidas? Tal vez la respuesta estĆ© en la necesidad urgente de sentido. En una Ć©poca donde todo se mide en clics y likes, ser parte de un equipo, tener una responsabilidad, cargar un uniforme, puede ser una forma radical de resistencia.


Y ahí estÔn los padres, con ojos brillantes, entendiendo que este curso no fue solo una actividad vacacional. Fue una inversión de amor. Fue formar carÔcter, temple, empatía. Fue ver a sus hijos crecer no solo en estatura sino en valores. En cada saludo marcial, en cada instrucción cumplida, había un "sí se puede" que nos habla a todos.


QuizÔs el mayor incendio que enfrentamos no estÔ en las calles, ni en los bosques. EstÔ en la indiferencia, en la fragmentación social, en la renuncia al cuidado mutuo. Por eso iniciativas como esta son faros. Porque iluminan lo posible. Porque demuestran que la educación cívica no es una asignatura olvidada, sino una prÔctica viva, un gesto que se canta, se marcha, se honra.


Que estos 36 jóvenes sean la chispa que prenda muchas otras. Que sus voces, retumbando aún en nuestra memoria, nos recuerden que formar ciudadanos no es tarea menor. Y que un cuerpo de bomberos que educa es, en verdad, una institución que abraza su misión mÔs honda: salvarnos de nosotros mismos, empezando por el olvido de lo esencial.


Y tĆŗ, ¿CuĆ”ndo fue la Ćŗltima vez que viste encenderse una llama de esperanza en tu comunidad? ¿Crees que este tipo de programas deberĆ­an replicarse en mĆ”s rincones del paĆ­s? Te leo en los comentarios: conversemos sobre cómo formar ciudadanos empieza por creer en ellos desde ahora, no maƱana.

 

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