Queridos jóvenes, profesores, padres de familia, amigos:
Hoy no es un día cualquiera. Hoy marca
el inicio de algo que, aunque ahora quizás no lo veamos del todo, quedará
grabado para siempre en su historia personal. Hoy empieza su último año de
colegio. El último capítulo de una etapa que han construido con risas,
aprendizajes, errores, amistades y sueños.
Como padre de familia, y como alguien
que también estuvo sentado alguna vez en un aula como ustedes, quiero decirles
algo: este año es único, e irrepetible.
Será la última vez que compartan
tantas mañanas juntos, que vivan aventuras que quizá hoy no parecen
importantes, y que disfruten de esos pequeños momentos —una risa, una charla,
una mirada cómplice— que mañana extrañarán más de lo que imaginan.
Cada recreo, cada clase, cada
conversación que tengan este año es un regalo. Un pedacito de historia que solo
ustedes podrán contar, y que nadie más volverá a vivir igual.
Por eso, disfruten este año con intensidad y propósito. Abracen cada día. No se guarden palabras bonitas, no dejen pasar la oportunidad de hacer un nuevo amigo, de decir "gracias", de pedir perdón si es necesario.
Este es el tiempo de construir recuerdos que durarán toda la vida.
De vivir con conciencia de que están escribiendo la última página de una
historia que, en unos meses, querrán releer una y otra vez con orgullo.
Y si miran atrás, recordarán que incluso
cuando las circunstancias los encerraron —cuando la vida cambió de golpe por la
pandemia— ustedes fueron fuertes. Se reinventaron. Se acompañaron en clases por
Zoom, se enviaban mensajes, hicieron cine por videollamada solo para no
sentirse solos. Se volvieron compañía unos de otros cuando más se necesitaba.
Esa resiliencia, esa capacidad de no soltarse, también es parte de esta
historia que están cerrando hoy.
Aprovechen este tiempo para conocerse de
verdad. Atrévanse a descubrir a ese compañero con el que quizás nunca hablaron
mucho, a acercarse a quienes piensan diferente, a reconocer en sus amigos los
futuros ingenieros, médicos, artistas, líderes, emprendedores y soñadores que
en poco tiempo estarán cambiando el mundo.
Porque sí: de esta generación saldrán
diversas profesiones, caminos y vidas distintas. Pero hoy, hoy todavía están juntos, compartiendo algo que nunca más será igual:
el aquí y el ahora. Sean solidarios, escúchense, ríanse, abrácense,
crezcan juntos. Y si algún día este año se sienten cansados, estresados,
presionados… recuerden: cada esfuerzo los acerca a sus metas, cada reto los
fortalece, cada paso los define.
A los profesores, gracias por ser más
que guías académicos. Ustedes han sido ejemplo, acompañantes silenciosos y
faros en los días difíciles. Cada palabra que han sembrado, cada gesto de
paciencia y compromiso
quedará para siempre en la memoria de estos jóvenes.
Y a nosotros, los padres, nos toca
acompañar desde otro lugar: con orgullo, con fe en sus talentos y con la
ternura de saber que, aunque nuestros hijos están por volar, siempre tendrán en
nosotros su lugar seguro.
Que el compañerismo sea su bandera, que
la gratitud sea su guía, que la alegría de estar vivos y juntos sea la luz que
los acompañe este año.
Que este sea un año de memorias
imborrables. Que cuando cada uno tomé su rumbo —porque así será, cada
uno tomará su camino— puedan mirar atrás y decir: "¡Lo viví, lo disfruté,
fui feliz junto a ellos!"
Les deseo todo el éxito del mundo en
este último gran viaje. Pero más que éxito, les deseo momentos que les llenen
el alma. Que rían hasta llorar, que aprendan sin miedo, que se abracen sin
vergüenza y que vivan este año con todo el corazón.

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