Por mucho que nos vendan la idea de que "todo está al alcance de un clic", en el mundo del emprendimiento digital no todo se resuelve con una plantilla bonita ni con una app gratuita para programar publicaciones. Vivimos en un momento en el que las redes sociales son vitrina, canal de venta y carta de presentación. Pero también son terreno de confusión, fatiga digital y, peor aún, de invisibilidad si no se sabe navegar en ellas con estrategia.
Cada vez más personas deciden emprender de forma independiente, y eso es una gran noticia. El problema comienza cuando esa independencia se traduce en aislamiento profesional: sin apoyo, sin asesoría y con el pensamiento erróneo de que “hacer comunicación” es simplemente publicar algo en Instagram o TikTok.
La falta de herramientas organizativas y la infoxicación –ese exceso de contenido que más abruma que atrae– están haciendo que muchas marcas pierdan su esencia antes de siquiera consolidarse. La identidad digital coherente no se construye al azar, ni mucho menos desde la improvisación. Se construye con visión, con estrategia, y sí, con el acompañamiento de profesionales que entienden que comunicar no es lo mismo que simplemente estar presente.
Y aquí es donde urge romper un mito: la comunicación no es gratuita, ni debería serlo. El acceso a plataformas digitales ha democratizado las posibilidades, pero también ha generado una falsa percepción de autosuficiencia que desvaloriza el trabajo de quienes hemos estudiado, practicado y perfeccionado el arte de conectar con audiencias.
El Content Marketing Institute (2023) es claro: el 73% de las marcas que trabajan con una estrategia de comunicación profesional obtienen mayor fidelización y engagement. No es un dato menor. Significa que tener a un especialista en el equipo, aunque sea de manera externa o por proyecto, marca una diferencia sustancial frente a quienes solo “hacen lo que pueden”.
¿Entonces qué proponemos? Una solución que no excluya, que no enfrente al emprendedor con el comunicador, sino que los haga aliados. Plataformas con costos accesibles, pero que también integren acompañamiento estratégico; herramientas intuitivas, pero diseñadas por quienes entienden de branding, narrativa y segmentación. Porque sí, la tecnología puede facilitar, pero nunca reemplazará la mirada crítica y creativa de un profesional de la comunicación.
No se trata de quitarle autonomía al emprendedor, sino de ayudarle a no naufragar en un mar de publicaciones que no conectan con nadie. Se trata de entender que una marca necesita más que likes: necesita coherencia, valores y una historia que contar.
Y esa historia, bien contada, puede marcar la diferencia entre sobrevivir o destacar en el mundo digital.

No hay comentarios:
Publicar un comentario